Capilla, club y colegio, el círculo virtuoso que ayuda a los chicos

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El Padre “Pepe” Di Paola habló en José León Suárez sobre “la problemática social” y la integración urbana.

En la villa la droga estaba despenalizada de hecho”, enfatizó el Padre “Pepe” Di Paola, durante una charla que brindó el pasado miércoles 27 en el Club Asociación Italiana Da Vinci, de José León Suárez, sobre “La problemática social en Argentina”, acompañado por el ex intendente sanmartinense y diputado nacional MC, Carlos “Tato” Brown.

La actividad fue organizada por el Centro de Pensamiento Estratégico San Martín -presidido por el propio Brown-, la Fundación Konrad Adenauer y la Asociación Civil Estudios Populares (ACEP). Estuvieron presente la diputada nacional santafesina Silvina Frana, del Frente para la Victoria y presidente de la comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico, y el secretario de la CGT de San Martín y ex candidato a intendente por Consenso Federal, Horacio García, entre otros.

Brown abrió la charla agradeciendo especialmente la presencia del Padre Pepe con nosotros, quien “no necesita de ninguna presentación en José León Suárez”.

Es importante focalizar dónde estamos trabajando los curas de las villas”, expresó al comienzo de su alocución el Padre, quien luego brevemente, resumió la historia de los curas villeros: “En este año se cumplen 50 años de la creación de los curas de las villas, originados en los “Sacerdotes del Tercer Mundo”, que se organizaron para vivir dentro de las villas en la ciudad de Buenos Aires, entre ellos Carlos Mugica”, recordó. Ellos se caracterizaban por “su compromiso social además de su trabajo en la iglesia, sumado al compromiso político” y así “se inició un camino que llega hasta hoy con distintas etapas y, cuando la lógica era que la villa era temida por la parroquia más cercana, mucha gente que recién llegaba del interior y vivía en casillas”, pero “había un acompañamiento de la capilla, porque también se organizaba el tendido eléctrico y la trasformación de la sociedad”.

Esa primera etapa terminó con la dictadura militar”, recordó, “luego los curas armaron cooperativas de vivienda (…) volvió la democracia y la gente volvió a los barrios, con una generación de gente de Paraguay y Bolivia”. Después contó: “Yo empecé en 1996, se vivió una transformación, comenzamos a organizar la comunidad y vimos que había una realidad que planteaba un desafío: que la brecha entre los demás barrios y la villa se achicara, que los chicos terminaran la primaria y la secundaria, pero nos agarró la crisis del 2001”.

Entonces tuvimos dos desafíos fundamentales en estos veinte años, porque gastamos la mayor cantidad de tiempo en prevención y recuperación en la droga, la violencia y la marginalidad”, se lamentó. 

Luego resaltó que mientras “el mensaje de la época de la dictadura era erradicar las villas, con la democracia era urbanizarlas” y entonces “nos plantemos la integración urbana, porque otros barrios además de las villas tenían necesidades. El barrio era sinónimo de identidad. Y hay valores que hoy se han perdido pero todavía los tiene la villa, donde todos se conocen y se ayudan. La integración urbana supone complementariedad y ayudar a los barrios, para que el paso de un barrio al otro no sea como si uno cruzara un límite. Pero la otra cara de la moneda fue denunciada en un documento que provocó amenazas, vinculadas a que decíamos que la droga en la villa estaba despenalizada de hecho y por eso nuestro trabajo es preventivo y orientado a la recuperación de los chicos”.

Explicó luego que “en los círculos intelectuales y universitarios se hablaba de despenalizar o legalizar la marihuana, pero veíamos que nuestros chicos con problemas de adicciones habían empezado con marihuana y alcohol. Lo que en la clase media se vivía como una especie de libertad, porque tenían contención, en nuestros barrios comenzó en seguida con el consumo problemático con vidas deterioradas”.

Reiteró que “en la UBA había una apología de liberalizar la droga con un total desconocimiento, por eso hablamos de integración urbana. Ellos hablan de chicos de clase media y alta, que consiguen trabajo y nosotros hablamos de chicos que paran en una esquina y que están solos”. Y aseguró que “las estadísticas de la UCA me ayudan a ver lo que está pasando, pero lo más importante es lo que surge cuando charlamos los curas de la villa de lo que pasa en los barrios”.

Por eso destacó que “la comunidad organizada se refiere a un estilo de vida diferente, con una acción del Estado y las organizaciones del pueblo con el objetivo del bien común y nuestras parroquias sirvieron mucho para organizar la vida en los barrios”.

Una parroquia, un club y un colegio van a seguir estando en el barrio, en esta sociedad donde las instituciones son menoscabadas y por eso los chicos necesitan instituciones fuertes que les dan identidad, sentido de pertenencia y orientan con el deporte”.

Y finalizó: “Apuntamos a fortalecer nuestra identidad como parroquia, con los tres ejes en capilla, club y colegio. Este círculo virtuoso va a ayudar a los chicos a andar bien en la vida. La otra parte es la recuperación, con centros en los barrios con un trabajo comunitario. Es importante que la comunidad se haga cargo de la recuperación, porque la droga invadió a la Argentina, que no es un país de tránsito, está muy metida. Hoy hay 200 hogares de recuperación con abordaje comunitario”.


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